El bullying se suele producir al final de la infancia y/o a lo largo de la adolescencia. Se trata de una etapa de transición, donde se deja de ser niño, sin ser un adulto todavía. Conlleva cambios físicos, psicológicos y sociales, algunos son compartidos y otros son propios. Éstos son, muchas veces, angustiosos e inquietantes.
Es lo diferente, lo que es propio de cada uno, lo que se señala con hostilidad y agresividad por las personas que ejercen el acoso. Y esto es una de las cosas horribles de la situación.
En un momento en el que las personas están comenzando a construir su identidad, es decir, que se trata de un momento un tanto frágil, porque la identidad es aun endeble. Todavía el preadolescente o el adolescente no tiene seguridad en quién es, en por qué es de una manera y no de otra. Se trata de un momento de probar, de dudas… Aparece por parte de una persona o de un grupo, agresiones, rechazo, aislamiento
A raíz de esas experiencias de aislamiento y agresiones, la persona puede pensar que por esa parte de él o ella que le hace diferente al resto, no merece ser querido o aceptado.
Es frecuente que las personas que lo sufren sientan vergüenza, tanto de sí mismos como de la situación en la que están inmersos. El miedo a que la situación empeore, a que cada vez haya más compañeros que agredan favorece el silencio.
La falta de recursos y de habilidades de detección, gestión y prevención en los colegios contribuye tanto al silencio como a que la situación se perpetúe.

Estos sentimientos de miedo, indefensión, rabia, inseguridad, etc., acompañan a la persona a lo largo de la adolescencia, y frecuentemente se extienden a su vida adulta. Así como el desarrollo de patrones relacionales marcados por la desconfianza hacia los otros y hacia uno mismo.
Ello genera heridas y huellas profundas que afectan a distintas áreas de la vida, generando experiencias de dolor y sufrimiento psicológico.
A veces los adultos no recuerdan, dan por superada esa situación. Y acuden a consulta con una serie de malestares difusos en la relación consigo mismo y con los demás. A menudo estos se acompañan de ansiedad, baja autoestima, problemas en las relaciones interpersonales como pueden ser:
- miedo extremo a hacer el ridículo,
- miedo a la crítica externa y al rechazo
- sentimientos de vergüenza y culpa
- tendencia a repasar minuciosamente las conversaciones mantenidas,
- voz crítica interna que toma, entre otros, los mensajes de los acosadores para agredirse a uno mismo
- sensación de que se ponen una máscara en las relaciones con otras personas
- sensación de incomodidad en los círculos sociales
- dificultad extrema para conocer personas nuevas
- miedo a la intimidad tanto con amistades como con parejas o familiares
- dificultad para poner límites en las relaciones interpersonales
En el proceso terapéutico, al profundizar cuidadosamente en la historia biográfica, descubrimos la relación entre el presente y el pasado.

En psicoterapia se trabaja para que las heridas del pasado, que han tenido como consecuencia una serie de patrones relacionales generadores de sufrimiento y malestar, dejen de repetirse en el presente.
La terapia permite elaborar el trauma y las secuelas, el pasado no tiene por qué seguir controlando el presente.
¡Recuerda que estos síntomas NO son exclusivos de las personas que han tenido una experiencia de acoso escolar!
¡Personas que han sufrido acoso escolar pueden NO presentar estos malestares y sí otros, o ninguno!





