pexels-artem-korsakov-10952316

¿Recorremos juntos tus murallas?

La mente, al igual que el cuerpo, tiene un sistema de defensa. Estos mecanismos empiezan a configurarse en la infancia. Nos ayudan a hacer frente a angustias internas, así como a las que se ponen de manifiesto en las relaciones con los demás y el mundo exterior. 

A medida que avanzamos en nuestro desarrollo evolutivo, en función de las experiencias que hayamos tenido, las defensas, al igual que nuestro psiquismo, van madurando. Sin embargo, a todos nos pasa que algunas de ellas se vuelven un poco resistentes a estos cambios, se hacen más rígidas. 

¿Por qué? Quizás nos han protegido en momentos muy difíciles, nos han ayudado a atravesar situaciones dolorosas… Por lo tanto, se quedan inscritas en nuestra mente como “mecanismo de defensa eficaz” 

¿Qué pasa? A veces ese “mecanismo de defensa eficaz” se empieza a utilizar como comodín para todo, y no sólo en las situaciones para las que fue pensado y desarrollado. Y ahí vienen los problemas. 

Las murallas se vuelven opacas y rígidas, nos siguen protegiendo, pero ¿quizás a un coste muy elevado?

En nuestra mente se suelen guardar profundo las experiencias que organizaron la defensa. Por ello, en la consulta vamos recorriendo en el camino de recuerdos conectados con ella. 

Trabajamos para elaborar e integrar esas primeras experiencias de miedo y angustia. De esta forma, uno va entendiendo, aprendiendo e interiorizando que ahora no hace falta estar activando esa defensa todo el tiempo. Ahora hay otros recursos para enfrentar experiencias que pueden resultar similares. 

“Abrimos ventanas en las murallas, que entre luz y aire. Transformamos algunas partes para que puedas tener unas defensas que te protejan, pero que no te atrapen, te pesen y te dañen”

¿Tienes alguna estrategia defensiva que te sea útil en algunos momentos, pero que en otros se vuelva problemática?